Lo que comenzó como un rumor en los pasillos de la histórica Scuola Italiana Arturo Dell’Oro de Valparaíso se ha transformado en una crisis institucional sin precedentes. La difusión de denuncias ante la Superintendencia de Educación, que apuntan al ejercicio ilegal de la profesión por parte de directivos y docentes, ha provocado la reacción inmediata y enérgica de los apoderados.
A través de una carta formal dirigida a la Società Italiana d’Istruzione (SIDI), el Centro Generale dei Genitori (CGG) manifestó su «profunda preocupación» ante los antecedentes que hoy están en manos de la justicia y de los organismos fiscalizadores. La misiva no solo confirma el malestar de las familias, sino que revela una negligencia sostenida por parte de la administración del establecimiento.
Un engaño a la confianza de las familias
El punto más crítico de la denuncia radica en la existencia de personal docente que imparte clases sin contar con el título profesional habilitante ni la autorización del Ministerio de Educación. Según los apoderados, esta situación —que involucraría incluso a altas autoridades del colegio— fue advertida previamente por el CGG en reuniones con la SIDI, sin que se tomaran medidas preventivas.
«Lamentablemente, los antecedentes hoy conocidos generan la legítima inquietud de que dichas advertencias no habrían sido abordadas con la diligencia que la gravedad del asunto ameritaba», sentencia la misiva de los padres. El texto subraya que este incumplimiento no solo arriesga sanciones administrativas, sino que socava el proyecto educativo y la fe pública de una institución de larga trayectoria.
Violencia escolar y fuga de talentos
La crisis no es solo técnica, sino también humana. Los apoderados denuncian un «manejo deficiente» de los casos de bullying y acoso escolar. El CGG describe respuestas institucionales tardías e insuficientes que han fallado en proteger los derechos de niños, niñas y adolescentes. Por ello, exigen que el área de convivencia escolar sea intervenida y liderada por profesionales con competencias técnicas y psicoeducativas reales, terminando con las designaciones arbitrarias.
Sumado a esto, la comunidad escolar alerta sobre una «sostenida fuga de profesores de reconocido desempeño». Los padres atribuyen esta pérdida de capital humano a condiciones laborales deficientes y remuneraciones que no son competitivas, exigiendo un estudio de mercado urgente para retener a los buenos docentes y frenar la precarización del aula.
Exigencia de transparencia
La carta concluye con un ultimátum: la SIDI debe informar sobre acciones concretas para esclarecer las denuncias ante la Superintendencia y transparentar los procesos de selección de personal, asegurando que se basen en criterios objetivos y no en cercanías discrecionales.
Mientras la comunidad espera una respuesta, la Scuola Italiana de Valparaíso enfrenta el desafío más complejo de su historia reciente: recuperar la legitimidad perdida frente a quienes son, en última instancia, el corazón de la institución: sus estudiantes y sus familias.
