Un Chile polarizado: ¿seguridad, miedo o retroceso?

La reciente elección presidencial en Chile, marcada por una victoria contundente del candidato de la derecha, José Antonio Kast, revela con claridad un país profundamente polarizado y con un electorado que prioriza la seguridad por sobre otras demandas históricas. Kast, líder del Partido Republicano, obtuvo alrededor del 58% de los votos frente a su rival […]

Por Sergio Rojas 17 diciembre, 2025 | 7:09 pm
Un Chile polarizado: ¿seguridad, miedo o retroceso?

La reciente elección presidencial en Chile, marcada por una victoria contundente del candidato de la derecha, José Antonio Kast, revela con claridad un país profundamente polarizado y con un electorado que prioriza la seguridad por sobre otras demandas históricas. Kast, líder del Partido Republicano, obtuvo alrededor del 58% de los votos frente a su rival de izquierda, Jeannette Jara, consolidando lo que muchos analistas llaman un giro conservador sin precedentes desde el retorno de la democracia en 1990.

Este resultado no debe leerse únicamente como un cambio de mando: es, más bien, un barómetro de la percepción social que domina a una porción significativa de la ciudadanía. Temas como la inseguridad ciudadana, la migración irregular y la ansiedad social se convirtieron en ejes vertebradores de una campaña en la que muchos votantes percibieron que sus vidas estaban condicionadas por el miedo y la desprotección. Kast capitalizó estas inquietudes con propuestas de mayor control fronterizo, mano dura contra el crimen y mayor presencia policial y militar, discursos que resonaron fuertemente ante una percepción de que el estado no ha respondido con eficacia a la sensación de orden público deteriorado.

Sin embargo, detrás de estos argumentos pragmáticos se advierte un desafío mayor para la democracia chilena: ¿qué se sacrifica en nombre de la seguridad? Las posturas conservadoras de Kast, que incluyen una visión tradicionalista en temas sociales y una crítica explícita a ciertos derechos adquiridos en las últimas décadas, plantean interrogantes sobre la dirección del país en materias de libertades ciudadanas y cohesión social.

La victoria también abre una discusión sobre el rol de la izquierda y del centro político en tiempos de crisis. Jara, con una agenda centrada en justicia social, derechos laborales y políticas de inclusión, no logró conectar con suficientes votantes en un contexto donde el miedo se traduce en urgencia por orden y seguridad. ¿Significa esto que los temas sociales, como la desigualdad o la protección social, quedarán relegados? La duda es relevante, pues la elección no solo define quién gobierna, sino qué prioridades se colocan en la agenda pública.

Además, este giro hacia la derecha ha generado reacciones internacionales y debates sobre la memoria histórica de Chile. Líderes como la presidenta de México han expresado reservas sobre ciertas posturas del presidente electo en relación con la dictadura y valores democráticos fundamentales, reflejando cómo esta elección repercute más allá de las fronteras nacionales.

En definitiva, la elección presidencial de 2025 no sólo es una radiografía del sentir ciudadano ante la inseguridad y la economía: es un llamado de atención sobre la necesidad de un diálogo político más profundo y la búsqueda de soluciones que no sacrifiquen derechos ni tensen aún más un tejido social ya fracturado. Chile enfrenta ahora el desafío de construir gobernabilidad en un paisaje político donde el miedo, la esperanza y las aspiraciones de cambio compiten por definir el futuro del país.

S.R.